Hace un tiempo publicamos un artículo sobre el Neurocine, la aplicación de las neurociencias para mejorar las piezas audiovisuales para entretenimiento masivo. Las últimas semanas hemos visto un interés súbito en el tema.
Wired publicaba hace un par de semanas un artículo preguntándose si existe un «punto G» en nuestros cerebros y si el neuromarketing puede encontrarlo (haciendo referencia a los servicios que ofrece MindSign Neuromarketing a la industria del cine). Más en el ámbito de la blogosfera hispana, Pepe Flores publicó también otro artículo en Alt1040 sobre el tema y Kir Ortiz, por su parte, en Neoteo.
El debate superficial se centra en si el neuromarketing va a «acabar con el componente artístico» de la creación audiovisual y a generar «películas mediante recetas científicas». Digo que superficial porque, planteado así, es una soberana tontería. La creación audiovisual seguirá siendo el campo de trabajo de los artistas, solo que estos dispondrán de métodos científicos para averiguar si el arte que generan es capaz de provocar los efectos que buscan en sus públicos.
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